Buena Nota

Lunes, 02 de Mayo de 2011 19:04

Nuestras pasiones tienen el poder de llevarnos al lugar que deseemos: Bakongo 2011

Era un día hermoso a pesar del fuerte invierno que azota al país, afuera el sol brillaba y los pájaros se oían volando. Nosotros estábamos dentro de la casa, reunidos como una familia y conociéndonos mejor: es importante para una tribu conocer bien a cada uno de sus miembros; los hace más fuertes y les ayuda a trabajar bien como equipo. Ahí reunidos compartimos nuestras metas, nuestros miedos, nuestros momentos más felices. Finalmente, llegó el tiempo de compartir quiénes eran nuestros héroes; el niño más pequeño levantó su mano, me señaló y dijo – “Tú eres mi héroe” – este momento se quedó tatuado en mi alma, haciéndome fuerte, recordándome mi compromiso y mi responsabilidad con la sociedad: hacer de este mundo un lugar mejor.

La semana pasada estuve en BAKONGO, el campamento de verano creado por la organización RECOJO (Red Colombiana de Jóvenes). Es difícil poner en palabras lo que pasó allí y explicar por qué esta iniciativa tiene el poder de cambiar vidas, pero sería egoísta no intentar y contarle al mundo que cosas así existen. Es por esto que he decidido compartir con ustedes algunas de las experiencias que viví en el campamento.

Durante nueve días compartí mis pasiones, mi energía, mis sueños y mi tiempo con gente que jamás había visto en mi vida. Hoy los siento como mi familia.

El campamento reunió a dos generaciones distintas de líderes: la actual, de la cual hago parte y la que vendrá después. Todos aprendimos que si desarrollamos los valores de la disciplina, la alegría, el coraje y la amistad podemos hacer nuestros sueños realidad. No importa la situación social que nos rodee, nuestras pasiones tienen el poder de llevarnos al lugar que deseemos.

Los niños con los que compartimos son asombrosos. A pesar de vivir en ambientes duros, a veces marcados por el abuso y la violencia, nos enseñaron que son las cosas más simples de la vida las que nos hacen felices: dibujar, bañarse con agua caliente, jugar en el lodo, comer con los amigos o hasta un simple abrazo. De niños estamos conscientes de que esto nos puede hacer felices pero cuando crecemos lo olvidamos y nos complicamos la vida buscando la felicidad lejos de nuestros corazones y de las personas que queremos.

Bakongo proporciona un tiempo excelente para construir lazos de amistad y nos recuerda que es posible compartir nuestros sueños y creer en los de los demás: no estamos solos y, si confiamos en las personas que nos rodean, será más fácil luchar por nuestros sueños y hacerlos realidad. Es en conjunto y con trabajo en equipo como se construye la sociedad que queremos.

Hay cosas en la vida que no tienen precio, darte cuenta de que eres el héroe de un niño es una de ellas.

Los niños estaban ansiosos de saber por qué nos molestamos en crear Bakongo, un lugar donde ellos tienen la mejor semana de sus vidas y aprenden cosas útiles para su desarrollo. La verdad es que todo el trabajo, los meses recolectando el dinero, las levantadas temprano y las acostadas tarde; todo esto cobra sentido cuando ves a los niños reír de felicidad. De esto se trata el trabajo social: nos hace felices verlos felices a ellos.

Es esto lo que quería compartirles de Bakongo 2011. Los esperamos el año que viene para que sean parte de este mundo mágico. 

 

Carlos Jaramillo

Carlos Jaramillo

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